Ser paciente (I)

Abro paréntesis: No es lo mismo trabajar en un hospital que en cualquier otra empresa. El hospital es un organismo palpitante que vive de las vidas de otros, de ellos: sus pacientes, que esperan una respuesta, una cura, un milagro… Esta es la historia de Leha Hya M., una chiquita boliviana de 7 años, paciente del Hospital Austral, donde trabajo. Cierro.

Leha Hya M. salió de su clase de ballet esa tarde de febrero de 2008 con un dolor fuerte en la pierna izquierda. “Pensamos que era por un esfuerzo muscular, pero no se le iba y casi no podía moverla”, recordó Yehudit, la madre de la chica que hoy tiene 7 años. Preocupada, llevó a su hija a una clínica privada en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, cerca del hogar de la familia. Leha no volvió a su casa ni esa noche ni las próximas de los siguientes seis meses: había contraído una infección que se le diseminó por el cuerpo hasta afectar los pulmones y el corazón.

La gravedad del caso era tal que los médicos bolivianos dijeron a los padres que si querían, que buscaran ayuda afuera, porque ellos ya habían agotado los recursos. Los M. no se rindieron y enviaron informes del caso de su hija a Brasil y a Chile. Conocidos, amigos y parientes de la comunidad se movilizaron para recaudar fondos para tratamientos y para conseguir adónde atender a la nena, hasta que el 22 de febrero, un amigo de Saúl, padre de Leha, les comentó del Hospital Austral, en Buenos Aires. “Mandamos el informe a la medianoche y horas después hablamos con el director médico del Hospital: el equipo médico ya estaba listo para viajar”, relató Saúl.

Los pediatras Tomás Iolster y Alejandro Siaba, partieron rumbo a Bolivia al día siguiente y se encontraron con un panorama desolador, pero estaban seguros de que Leha podía recuperarse. Se quedaron tres días para estabilizar a la chiquita y finalmente, la trajeron al HUA en el avión sanitario, en coma y muy grave todavía.

Lo que Leha tuvo fue una infección por la bacteria estafilococo aureus meticilino resistente. Una de esas bacterias “rebeldes” a los antibióticos. “Tuvo primero una osteomelitis (infección en el hueso) en el fémur y luego una sepsis o diseminación por sangre”, explicó el Dr. Siaba.

A pesar de la gravedad del caso, Leha se recuperó sin secuelas. Dicen que fue gracias a la fuerza de su cuerpito, todavía impermeable a los males que llegan con los años. Durante varios meses fue la niña mimada del piso de internación pediátrica y, poco a poco, se le fue bajando la dosis de medicamentos y fue despertando del coma farmacológico.

“Desde que llegamos, los médicos y las enfermeras estuvieron constantemente encima. Se hizo todo lo necesario, no hay palabras para agradecerles –pronunció Yehudit–. Si no hubieran llegado los médicos ese día, no habría tenido solución”.

Hoy, a dos años del hecho, la familia M. es promotora entusiasta de la oficina de representación del Austral en Bolivia. “La gente tiene que saber que no hay que perder la esperanza, que hay solución siempre, en alguna parte del mundo”, exclamó Saúl.

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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Una respuesta a Ser paciente (I)

  1. Alejandro Videla dijo:

    Te felicito Mariana por el blog. Un placer leerte.

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