Pedí un deseo

Pedí un deseo a una vaquita de San Antonio.
Pedí un deseo entre copas de champagne a fin de año.
Pedí un deseo a una estrella fugaz que iluminó el cielo en una noche de verano.
Pedí tres deseos antes de apagar las velas de cumpleaños.
Pedí tres deseos y até con tres nudos una pulserita color amarillo Brasil del Senhor do Bonfim.
Pedí un deseo con un huesito de pollo en la mano.
Pedí un deseo y crucé fuerte los dedos para que se cumpliera.
Pedí deseos en fuentes y gasté muchas monedas.

Pedí un deseo y soplé el diente de león que se deshizo en el aire.
Pedí miles de deseos por mail, deseos virtuales.
Pedí un deseo, lo escribí en un papel, lo doblé y lo incrusté en el Muro de los Lamentos.
Pedí deseos a San Antonio, a San Judas Tadeo y a otros tantos.
Pedí un deseo con la pestaña de mi sobrinita entre nuestros dedos gordos.
Pedí un deseo bajo un túnel, bajo el rugido del tren (y sin pensar en elefantes blancos).

… y de tanto pedir deseos, me olvidé de lo que había pedido.
… y de tanto olvidar, viví sin darme cuenta de que muchos se habían cumplido.

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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