Partes privadas (strip-post)

Desnudo ambulatorio. (Foto de Vicky Richards)

Desde que Adán y Eva nos privaron del Edén, los seres humanos recibimos el mandato de arroparnos. La primera pareja, gozosa de su desnudez, se dio cuenta de que estaba en cueros y tuvo el impulso primitivo de taparse. Nacía la incómoda costumbre del vestido. Esta privatización del cuerpo, entendida como la elección de lo que ocultamos y de lo que preferimos (y nos permiten) mostrar, mutó a lo largo de la historia, de civilización en civilización.

El guante, por ejemplo. Esconder las manos era una obligación en el siglo XIX; la desnudez obsesionaba a una sociedad puritana y esta parte del cuerpo era una de sus más insinuantes representaciones. Descripciones eróticas de la época evocan el momento en el que ellas deslizaban el guante con sus manos y se lo quitaban lentamente, tironeando de a un dedo a la vez. Un brazo descubierto, una pantorrilla, medias o enaguas escandalizaban. No es raro encontrar en estos textos exclamaciones como “¡Qué brazos!”.

Solemos reservar la palabra “desnudo” para ciertas regiones exclusivas del cuerpo; es menos común hablar de “rostros desnudos” o “manos desnudas”, a pesar de que en ciertas culturas estas partes se ocultan. ¿Qué significa para una musulmana estar desnuda? Para ciertas ramas del Islam ni el pelo ni los tobillos deben mostrarse en público. Debajo de las burkas, a las mujeres se les asoman nomás que los ojos y si el resto se ventila, son exhibicionistas.

No es ninguna aberración sexual”, empieza una canción sobre la desnudez. Este strip-post tampoco. Pretende postular que lo que para nosotros argentinos es una muestra de nudismo, será visto con otros ojos por un musulmán o por un africano. Vestirse y desnudarse es hacer cultura. Somos cultura ambulante.

Una definición de “desnudo”, según el diccionario de la Real Academia Española, incluye la acepción “falto o despojado de lo que cubre o adorna”. Esto amplía el debate: ¿qué es la desnudez en una tribu africana? Los documentales muestran a las negras azuladas con los pechos destapados. Pero fíjense que se sienten cubiertas gracias a los collares, aros o plumas que las visten. La falta de estos accesorios las pondría incómodas ante la mirada ajena.

De la sociedad actual está todo dicho y expuesto. Muy expuesto. Sorprende lo rápido que se dieron cambios en la moda del siglo XX: se desprivatizaron las piernas, el ombligo, las tetas… ¿sigo?

O sea, cada sociedad determina qué es privado y qué no. El sociólogo Norbert Elias formuló una tesis sobre “el espacio privado”, que abarca el cuerpo y las costumbres. Hábitos que hoy se consideran privados –como ir al baño– fueron en algún momento públicos. El rey francés Luis XIV recibía a sus ministros sentado en el inodoro, y en la Edad Media era raro que una persona durmiera sola, en un cuarto o en una cama.

Si el tema del vestuario sigue cambiando, no se sorprendan si terminamos todos como este hombre que fotografió una amiga en Barcelona, caminando desnudos por la calle (sin complejos por nuestros rollitos de más).

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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