Dos días en la vida del periodismo

(Nota al lector: si usted es periodista, esta historia le va a aburrir porque seguramente la haya encarnado varias veces. Al no periodista, le va a dar una idea de lo que es trabajar con tiempos escasos, espacios miserables y alta adrenalina).

Hace unos meses ya que estoy colaborando con el diario Clarín para una sección llamada Vida cotidiana. Como las noticias son atemporales, los temas se definen con anticipación y siempre tengo alrededor de una semana para entregar la nota. Pero esta semana fue atípica; el domingo, la editora me pidió una nota para miércoles. Y el jueves, cuando me disponía a descansar de los apuros y a empezar a preparar con tiempo una nota sobre olvidos frecuentes, me pidió una para cerrar el viernes. La llamada cayó el jueves a las 2 de la tarde.

– Hola Marian! Dejá la nota de olvidos. Te voy a pasar una nota del New York Times sobre los 50 como una edad de oro. La idea es armar una nota larga, del doble de las que hacés habitualmente, con tres fuentes grosas y testimonios. Es para la sección Sociedad.

– Mmm… (¡y yo que pensaba ponerme al día con el trabajo del hospital!). ¿Para cuándo sería?

– De mañana para pasado.

– O sea, ¿del viernes para el sábado?

– Para entregar el viernes, se publica el sábado.

(Silencio. Por dos segundos pensé en decirle que no, pero en esos dos segundos también pensé: esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Quiero saber qué es ser periodista, con lo bueno y con lo que haya que resignar en el camino. Y tenía que decir que sí para probar que podía estar a la altura del reto. Que podían contar conmigo para notas urgentes. Y esta nota me mudaba de las últimas páginas de la edición impresa, a las del medio, a la sección SOCIEDAD)

– OK, Adri, ¿el enfoque sería sobre salud solamente?

– Salud, trabajo, psicología… acordate que tienen que ser fuentes importantes. Y el testimonio de una persona cuya vida haya dado un vuelco a los 50 años.

Tremendo bardo. En el medio, tendría que haber ido al Paseo Champagnat a sacar fotos de los nuevos consultorios del hospital… tendría que haber actualizado la página web con notas nuevas, y tenía un almuerzo imposible de suspender con mi jefe y el director del hospital. Me puse a trabajar. Primero, hago descarga de ideas en una hoja en blanco: profesionales posibles, estructura, testimonios. Copié las partes del artículo del New York Times que me parecían importantes para profundizar. ¡Lo primero era conseguir una persona que quisiera contar su historia! Mandé mensajes a mis amigas, llamé a mamá y de golpe se me ocurrió llamar a Tomi Ordoñez, un amigo periodista que conoce tanta gente que ALGUNO tenía que haber sufrido un cambio grande a partir de los 50. Lo dejé a Tomi pensando quién podía ser y mientras tanto llamé a clínicos, psicólogos, psiquiatras… mandé mails a Delloitte para contactar a la directora de Recursos Humanos, la editora me pasó el contacto de una experta en coaching laboral a los 50… todos, o casi, prometían contestarme, ¡pero no antes del viernes a la mañana!

Terminé la tarde con todo el material para la nota… en el aire. Mentira, ¡tenía los testimonios! La misma mamá de Tomi que a los 50 empezó a estudiar idiomas, viajar por el mundo y cultivar su pasión por la cocina, y la secretaria de dirección del Hospital, Puppy Simian, que volvió a trabajar a los 53 después de haber estado 27 años afuera del mercado laboral.

Volví a casa con el estómago hecho un nudo, contracturada, pensando lo peor: ¿y si no me contesta ninguno de los entrevistados, qué invento? Y aunque me contestaran, ¿cuánto tiempo iba a tener para armar y entregar la nota? Me pasé 20 deliciosos minutos abajo del agua caliente, dejando que me sedara, y me quedé hasta la medianoche escribiendo párrafos sueltos como para rellenarlos después con las ideas de un psicólogo, un clínico y dos expertas en trabajo.

La noche se pasó muy rápido y a las 6 sonó el despertador. El día D. Chequeo mis mails: ninguna respuesta. A no desesperar… ya van a aparecer. Bueno, por fin aparecieron, para mi paz mental (les juro que había empezado a rezar para que no me colgaran). Para el mediodía tenía un esbozo de nota, así que salí a almorzar tranquila por primera vez en días. El tema no terminaba ahí: un mail a las 4 de la tarde me pedía que acortara el lindísimo y extenso ensayo que había escrito sobre la era de los 50 años: de 6.000 caracteres a 2.600. Fue una masacre, no puedo decirles lo que es mutilar párrafos enteros, dejar entrevistados afuera, restar ideas, borrar “esas frases que quedan tan lindas, pero son tan prescindibles”… al final, quedó solamente ¼ de la nota original. Así es el periodismo, así es la vida… Pero la nota salió en el Clarín de hoy. Y yo superé uno de mis primeros desafíos periodísticos =)

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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Una respuesta a Dos días en la vida del periodismo

  1. Gaby dijo:

    ESA ES MI AMIGA LA PERIODISTA!!! ME ENCANTA QUE COMPARTAS TUS ANECDOTAS Y EN CADA NOTA VEO TU CRECIMIENTO!!! TE QUIERO MUCHO. GABY

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