Vacaciones con los padres

Escribo de vacaciones, desde Punta del Este. No es ni medianoche y en el departamento mis queridos padres roncan en la habitación de al lado, en este dos-ambientes que compartimos desde hace una semana y hasta el sábado, tiempo de volver a Buenos Aires.

Vacaciones con los viejos, ¡qué aventura! Para colmo, llegaron justo después de una semana de luna de miel con Guillermo (mi novio), con la batería cargada y unas ganas envidiables de hacer DE TODO: pasear por la Barra, por Gorlero, ir a la Mansa, a Solanas, a la Punta, al shopping, al cine… y yo, que venía de una semana intensa que acumuló todos esos programas, con muchas ganas de descansar y reponerme, tuve que reajustar mis planes con estos progenitores energizados y listos para “girar”.

Ya empiezan las típicas discusiones hogareñas que no extrañé: “dejaste la toalla tirada en el baño”, “decime qué querés comer hoy”, “no compraste lo que te pedí en el súper”, “nunca tenés ganas de salir”… algo tan simple como esta convivencia me da la pauta de que “estoy grande”, por lo menos para vacacionar con ellos.

Y eso que soy hija única, lo cual implica que estás condenada a viajes y vacaciones sola con tus padres hasta ser mayor de edad. Tengo la teoría de que la relación padres-hijo único es más estrecha, distinta de la que puedan tener tres o cuatro hijos con sus respectivos; para bien o para mal, somos solo tres para comer, para dormir, para consolarnos cuando todo va mal y también para irnos de vacaciones.

Este 2012 me tiene reflexiva… ¿serán los 26 que estoy por cumplir? ¿Estar cada vez más cerca de los 30 me hace más introspectiva? ¿MÁS TODAVÍA? Pienso en lo rápido que pasaron las vacaciones. Los años, en fin. De golpe, te despertás con 30 años: ¿en qué momento dejaste de ser una nena que jugaba con barbies? De golpe también, te das cuenta de que tus viejos están más viejos, de que el envejecimiento no es tan gradual como parece. Al contrario: es un sopapo de realidad que te impacta. Como los bebés que crecen de pronto, también los viejos envejecen rápido. Se empiezan a olvidar de banalidades cada vez más importantes, se caen y les cuesta levantarse, la piel se afina y se pega a los huesos. ¿Será que estamos ciegos a esos signos, enterrados en la convivencia cotidiana, y los vemos recién cuando nos miramos en serio? ¿Cuando nos preocupamos?

Por todo esto, no me quejo de esta semana con mis viejos en el dos-ambientes. Ahora sé que envejecen, porque los veo y los escucho.  Por eso, los disfruto.

Los padres.

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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5 respuestas a Vacaciones con los padres

  1. Pauli dijo:

    Yo también estaba en Pta, Marian con mi mamá! Nos podríamos haber visto, ajaj

  2. meshu dijo:

    Excelente artículo! Te quiero y te extraño!

  3. Gaby Monti dijo:

    Marian, creo que es verdad. Te estás poniendo viejita….

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