México, aventura para armar

Noche en Tulum, en una trattoria italiana con pinta de perdida en estas tierras mayas. Pedimos la cuenta: 175 pesos mexicanos (algo así como 15 dólares) por un plato de mejillones a la provenzal. Error. Protesto y quien sale del fondo de la cocina es el dueño del restaurante, un tano efusivo de unos 45 años, con dos botellas en la mano: una de un tequila con gusano incluido y la otra de un licor de tequila, más suave, “para la ragazza”.

Nos pide perdón y entre tequilazos adorna la noche con sus historias sobre cómo pasó de ser un programador fanático de las PC a un profesor de lengua en África y Guatemala. Finalmente, los vientos lo trajeron al paraíso de Tulum.

–“Los viajes revelan una parte del mosaico de nuestra existencia –nos dice–. Sin ellos, estaríamos incompletos”.

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PLAYA DEL CARMEN

El Caribe

Llegar de Cancún a Playa del Carmen en auto provoca sensaciones encontradas: por un lado, la salida de la autopista no es para nada “pintoresca”. Con grandes supermercados flanqueando la avenida principal, algunos negocios sencillos que contrastan con estos “monstruos” y un caos vehicular que espanta incluso a los porteños, la bienvenida no es exactamente grata.

Pero, a medida que uno se adentra en este pueblo, emerge su encanto. Desembarcamos con Guillermo, mi novio, en un hotel a pasos de la Quinta Avenida, donde habíamos reservado siete noches. Ya desde antes de partir, amigos y conocidos habían sido enfáticos: “No se queden en Cancún. Vayan a Playa del Carmen que es más rústico, más lindo”. Con lo cual, decidimos que iba a ser la primera parada en este viaje por México y nuestra “base” para recorrer.

Dejamos los bártulos en la habitación y corrimos a la playa con la ansiedad de dos nenes que van por primera vez al mar. Técnicamente, era nuestro bautismo en el Caribe, un mar que no se asemeja a ningún otro. Mi primera impresión cuando vi esa agua turquesa fue “agua de deshielo”. Me acordé del Mascardi, nuestro lago de los siete colores. Las similitudes terminan en cuanto ponés tímidamente un pie en la orilla casi con temor a congelarte como en Mar del Plata y, para tu sorpresa, la temperatura es perfecta.

Para los que arman su propia aventura, lejos de la burbuja all inclusive, la playa top de este pueblo es “Mamitas”, que reúne todos los elementos del imaginario del Caribe: las chicas (y no tan chicas) en topless, las palmeras, la arena-harina, las Coronitas heladas con lima –que se venden como agua porque, literalmente, cuestan lo mismo– y los tragos. Ahora sí, empezaron las vacaciones. Me acuesto en la reposera, lo miro a Guillermo y sé que nuestra alma inquieta no nos va a permitir más que un rato de tomar sol a lo lagarto.

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Continuará…

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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