4 imperdibles de Playa del Carmen

No estaba muy errada con eso de que nuestra alma inquieta no nos iba a dejar retozar al sol mucho tiempo. En Playa del Carmen hay demasiado para ver como para perdérselo en una reposera. Sí, la playa está buenísima, pero también está la Quinta Avenida, los cenotes, los parques… ¡Cozumel! Acá, la lista de mis “top 4” atracciones imperdibles de PDC.

Podría agregar un 5to: Akumal, una playa donde nadás con tortugas gigantes ahí nomás de la orilla. No llegamos a hacerlo, pero mucha gente nos lo recomendó.

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La Quinta Avenida vs. la Treinta

La Quinta vendría a ser como la calle Florida de Buenos Aires o el Gorlero de Punta del Este. En esta peatonal se concentran tanto los locales de ropa exclusivos, como los shops de souvenirs y los stands de oferta de tours. Son unas 15 cuadras de bares, shows callejeros, mariachis, música y mexicanos tratando de venderte su alma. “Honeymooners?”, nos gritaban, pensando que estábamos de luna de miel (son vivos, saben que los recién casados les compran todo). “No”, les respondía yo. “Practising?”, insistían. Y me compraban.

Hay un solo detalle que nuestra alma de argentinos “codito” detectó en cuanto nos dispusimos a cenar esa primera noche: ¡los precios! Comer en la Quinta es muy caro, para los estándares de México, claro. Una cena arranca en 30 dólares, sin vino ni postre. Un poco preocupados por nuestro presupuesto decidimos aventurarnos más allá del circuito clásico y aprendimos la primera gran lección: hay que averiguar adónde comen los locales. Caminando llegamos a la avenida n° 30, paralela a la Quinta, a escasas cuatro cuadras para el lado contrario del mar, donde todo cuesta la mitad. Encontramos una pequeña fonda, con cinco mesitas, atendida por su dueño que ofrecía versiones caseras de las delicias mexicanas. El viejo nos recibió con una sonrisa ancha y un bol de guacamole con “totopos” (que serían los nachos para nosotros). Era el comienzo de una relación de amor que duró toda la semana en Playa del Carmen.

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Cenotes

Llegué a México obsesionada con una idea: conocer los cenotes. Había visto fotos de esos pozos profundísimos en la tierra, cercados por las raíces eternas de los árboles que bajan a tomar agua. Los cenotes formaban parte de los rituales de purificación de los mayas. En la ruta que separa Playa del Carmen de Tulum hay decenas de cenotes de todas las formas: algunos parecen lagunas al aire libre, otros están encerrados en cuevas y otros son los pozos más característicos. No podría recomendar uno en particular, porque son todos increíbles. La sensación de flotar o nadar en esa agua tan cristalina que aunque tengamos 10 metros abajo de los pies vemos el fondo, es incomparable.

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Los parques

En los últimos años, proliferó una suerte de parques acuáticos y de actividades recreativas todo a lo largo de la Riviera, entre Cancún y Tulum. Los más famosos son Xcaret y Xel-há, y son muy distintos. El primero es una mezcla entre Disney y Temaikén: es una reserva-zoológico gigantesca, imposible de abarcar en un solo día, pero pensada para yanquis, su público principal. Si van a Xcaret no se pierdan el ritual de los voladores de Veracruz, el desfile ecuestre, el show nocturno (la primera parte resume la historia de México) y los ríos subterráneos. Lo demás es prescindible. Otra es la historia en Xel-Há, un paraíso que me recordó a la Polinesia, aunque no la conozco. Este parque que estuvo bajo el agua del Caribe durante siglos es una biosfera que gira en torno a una laguna inmensa y turquesa, que el visitante puede recorrer con su equipo de snorkel de punta a punta si tiene ganas. Uno es libre en Xel-Há: no hay circuitos, ni horarios, ni shows, el objetivo es disfrutar de una conexión especial con la selva y con el agua. Me doy cuenta de cómo me falta la naturaleza en la otra selva, la de cemento.

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Cozumel

Arriba temprano el día 3 del viaje. Hay que aprovechar al máximo las horas de sol, porque en el Caribe los días son cortos y a las 17:30 anochece. El plan del día era conocer Cozumel, una isla semihabitada en todo sentido, porque la mitad está desierta. En 40 minutos de ferry por mar abierto llegamos a este pueblito isleño, muy pintoresco, y enseguida tomamos una excursión para hacer snorkel por los arrecifes. Gran experiencia, muy recomendable. El problema fue cuando volvimos a tierra, porque era la hora de la siesta, los locales habían cerrado y el hambre arreciaba. Nuevamente, recurrimos a nuestra estrategia infalible de preguntarle a un grupo de taxistas dónde comían ellos siempre y así descubrimos una fonda donde nos atendieron como reyes. La clave para conocer Cozumel es alquilarse una moto porque, aunque uno no sea un experto, existe una ruta exclusiva para motoqueros, que le da toda la vuelta a la parte habitada de la isla. “Habitada” es un decir. En marzo, los balnearios estaban cerrados, y la ruta era un páramo solo para nosotros y nuestra moto. Un privilegio.

Próxima estación: Tulum…

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Acerca de marianisrael

Escribo sobre las pequeñas historias de la realidad cotidiana, sobre personas, lugares y cosas que veo. Soy Lic. en Comunicación Social y periodista freelance.
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